Mi palabra mágica para el 2018

Publicado el 15 de enero del 2018 en: Metas & Sueños, Tips & Recomendaciones

En los últimos años, ha estado creciendo una tendencia que, de cierto modo, busca reemplazar a los propósitos de año nuevo. (De hecho, en los últimos años se ha puesto de moda hablar en contra de los propósitos, pero ese es un tema para más adelante). La tendencia de la que les hablo me gusta mucho; si bien no dejaría de escribir propósitos, me parece muy buena idea usarla en combinación con ellos.

Se trata de definir una palabra para el año. Debes seleccionar una sola palabra que te sea importante y significativa; la idea es que debe convertirse en el “tema” que le vas a dar a tu año. Esta palabra debe empapar todos los aspectos de tu vida: tus acciones, tus decisiones y tu manera de vivir. Lo padre es que, al ser una sola palabra, es fácil de recordar y se puede volver incluso un mantra que te repitas cada vez que lo consideres necesario.

He visto todo tipo de palabras: “fuerza”, “paz”, “alegría”, “valentía” o incluso “diversión”. Una que se ha puesto de moda últimamente es “calma” (o alguna variante por el estilo). Con eso de que vivimos nuestras vidas en el estrés y ajetreo total, la tendencia de simplificar nuestras vidas y del movimiento slow living están cobrando mucha fuerza. Yo misma he escrito en este blog sobre la necesidad de vivir nuestras vidas “al mínimo”, en lugar de al máximo.

Aunque desde hace unos años había estado pensando en subirme al tren de “la palabra del año”, no me había subido completamente. Siempre he sido de escribir propósitos, y si algo saben sobre mí es que me gustan las rutinas. Cuando me amarchanto con algo, me amarchanto. Pero este año algo cambió. Cuando en diciembre empecé a planear las cosas que quería cumplir en el 2018, una palabrita regresaba y regresaba a mi mente. No fue tanto que activamente me pusiera a pensar en una “palabra del año”, sino que más bien, ella llegó a mí.

Al principio de este texto les conté que se está poniendo de moda hablar en contra de los propósitos. No saben la cantidad de artículos y videos que se llaman algo así como: “¿Por qué este año no voy a hacer propósitos?”, “La razón por la que los propósitos no funcionan”, o cosas así.

Y, ¿por qué?

Cada quien lo escribe de una manera diferente, pero básicamente el argumento es que “los propósitos nunca se cumplen”; los definimos al principio de año y luego nos olvidamos de ellos. Y bueno, esa parte es cierta, ¿a poco no? Yo, la verdad, conforme pasa el año sí voy olvidando mis propósitos. Pretender que soy la persona más disciplinada del mundo sería engañarlos (y más importante, engañarme). Pero entonces, ¿cuál es la mágica solución? Si los propósitos no se cumplen, ¿qué sí?.

La respuesta varía, pero en realidad casi todos dan diferentes variantes de lo mismo: “Este año, en lugar de propósitos voy a definir metas”.

Debo confesarles que cuando leí esa gran solución, me reí un poco. No pude evitar preguntarme: si no cumplen sus propósitos, ¿qué les hace pensar que sus metas sí? Siguen siendo lo mismo, frases escritas en un papel.  La única (e importante) diferencia que noté, es que algunos de quienes escriben metas, además definen un plan de acción para cumplirlas. Eso sí me pareció una solución interesante. Además de definir qué queremos cumplir, debemos pensar cómo vamos a cumplirlo.

“Quiero hacer más ejercicio”. OK, pero ¿qué tipo de ejercicio?, ¿a qué hora tengo tiempo para hacerlo?, ¿qué días?, etc. “Quiero escribir un libro”. OK, pero ¿qué tipo de libro?, ¿en cuánto tiempo?, ¿cuándo lo quiero publicar?, etc. Teniendo un plan de acción, cumplir nuestros propósitos (o metas) se vuelve mucho más fácil.

Pero todavía falta una pieza.

Aquí es a dónde entra mi palabrita mágica. (O sea mi palabra del año, pues).

Después de reflexionar sobre las personas que en lugar de propósitos decidieron escribir metas, intenciones, objetivos, o como quiera que le llamen, me cayó el veinte de algo. No importa qué nombre les pongas, lo que importa eres tú. Mientras tú sigas sin tomar las acciones necesarias para cumplir las cosas que quieres lograr, no vas a lograrlas. Sin importar si les llamas “propósitos” o “metas”; sin importar si defines un plan de acción o no.

Como les platiqué la semana pasada, siempre he sido muy buena haciendo, precisamente, planes de accíon. Escribiendo líneas del tiempo y poniendo deadlines en mi agenda, haciéndome horarios e incluso imprimiéndolos y poniéndoles colores como si estuviera en la primaria. Pero después de hacerlos, los cumplo durante un tiempo y luego se me olvidan. Porque me falta constancia.

Constancia, por supuesto, es mi palabra del año. Y es la palabra mágica que debe estar presente siempre que queramos lograr un cambio duradero. Siempre. Sin falta. 

Las personas que hemos ido al gimnasio disciplinadamente durante dos meses seguidos, sabemos que nuestra condición física mejoró mucho durante esos dos meses. Probablemente incluso mejoró por un tiempo después de que dejamos de ir. Pero poco tiempo después, nuestra condición física regresó a la normalidad y otra vez subir y bajar escaleras se volvió una carrera de resistencia. O lo que sea que les pase a ustedes cuando pierden condición. El caso es que el cambio no resulta duradero. Michael Phelps no ganó mil medallas de oro por por su falta de constancia.

Ser poco constante es de las cosas que más me frustran en la vida. Nunca he entendido por qué me cuesta tanto trabajo continuar las cosas que empiezo, porqué decido aprender a tejer y acabo con una bufanda a medio terminar, por qué decido empezar un diario y al final la única página llena dice: “Querido Diario: Este año ahora sí voy a escribir todos los días”.

Por eso este blog es una fuente de tanto orgullo para mí; porque he logrado, durante más de dos años, publicar un artículo a la semana. ¡Creo que nunca había logrado seguir algo durante tanto tiempo! (Las clases de piano en la primaria no cuentan, porque a esas iba obligada). Este blog me demuestra que sí, puedo lograrlo; que soy capaz de tener constancia en las cosas importantes para mí. Como mis propósitos. (Yo sí les voy a seguir diciendo así).

 

Simplemente debo recordar la formulita: Definir qué quiero lograr + Planear cómo voy a lograrlo + Ser constante. Les voy a compartir mis dos propósitos más importantes:

Primero: Ser constante con el ejercicio no menos de 4 veces por semana. (¡Este año es el bueno!)

Segundo: Escribir dos horas diarias de lunes a viernes. Porque oigan, si no me tomo mis fines de semana… ¿a qué hora veo Netflix?

 

He declarado el 2018 como mi año de la constancia, ¿y saben qué? pretendo lograrlo. ¿Quién se anima a lograrlo conmigo? ¡Díganme en los comentarios si se unen al reto, y cuál es el propósito/meta/objetivo en el que van a enfocar su constancia!

¡Les deseo un 2018 lleno de cambios duraderos!

 

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2 comentarios sobre “Mi palabra mágica para el 2018”

  1. Pico Alanís dice:

    Uff! Los mejores deseos para mantener esa constancia! No me atrevo todavía al reto de la palabra del año, y me puse 9 … no propósitos, sino más bien deseos, que además acompañé de una “ofrenda” al universo (una por cada deseo). Entonces no sé qué vaya a resultar, porque es la primera vez que lo hago, pero creo que este año tengo mucho! que hacer! Feliz año, y que sea muy productivo!! Felicidades por tu constancia en tu blog. Es una inspiración.

    1. ¡Guau! Me encanta la idea de la ofrenda por cada deseo, te la voy a “robar” para el próximo año jaja 🙂 ¡Igualmente te deseo lo mejor con tus deseos! Un abrazo.

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