¿Has estado procrastinando? Todavía no es tarde para empezar el año.

Publicado el 8 de enero del 2018 en: Desarrollo personal, Metas & Sueños

¡Feliz 2018!… una semana después de haber empezado. La verdad es que mi año no empezó para nada como lo había planeado.

Al igual que todos los años nuevos, el 2018 planeaba empezarlo “con todo”. No sé si lo sabían, pero “organizar mi vida” es algo que siempre me ha costado trabajo. En teoría soy muy buena dividiendo mi tiempo y planeando cómo quiero llenarlo; definiendo objetivos, creando listas de pendientes y haciendo un plan para cumplirlos. Pero repito: en teoría. Cuando se trata de la acción… bueno, esa es otra historia.

No sé por qué, pero siempre he sido la reina de la procrastinación. Me encanta hacer listas y calendarios; amo llenar mis agendas -sí, casi siempre tengo más de una agenda- con cuidadosos planes y deadlines. Pero luego, por alguna razón, ignoro los planes escritos y acabo haciendo todo al último minuto. Soy así desde mis días de estudiante. ¿Alguna vez tuvieron noches de desvelo, acabando entregas y proyectos? Bueno, para mí esas noches eran como pan de cada día.

Eso sí, jamás he fallado con una entrega. De ningún tipo. Por más que procrastine, me enorgullece decir que a menos que sea por una causa de fuerza mayor, siempre cumplo mis compromisos. ¡A veces incluso los cumplo a pesar de causas de fuerza mayor! Una vez en la uni, por ejemplo, me internaron por una neumonía, y así, dentro del hospital, terminé la entrega para una de mis clases. Mis pobres compañeros tuvieron que vivir todo el semestre con mi profesor diciéndoles: “no tienen pretexto, su compañera mandó la entrega desde el hospital”.

Qué horror. Alguien explíqueme cómo es que tuve amigos en la universidad.

Pero bueno, mi extremo sentido de la responsabilidad, para el cual algún día alguien encontrará una cura, es otra historia. Lo que les quería platicar es que conforme han ido pasando los años me he ido volviendo mejor para organizarme. O más bien, para cumplir los planes que defino. Cada vez procrastino (un poquito) menos, cada vez acabo las cosas con más anticipación, y eso sí, ya nunca me desvelo trabajando. #ganandocomosiempre.

Por eso tenía muchas expectativas para el inicio del 2018. Como siempre, escribí mis propósitos, llené mis agendas e hice planes.. Mi idea era empezar desde tempranito el 2 de enero y ahora sí, este año dejar de procrastinar y cumplir todo de acuerdo a lo planeado. Con lo que no contaba es con que las cosas casi nunca salen de acuerdo a lo planeado. Los bichos y gérmenes han estado duros estas semanas, y por supuesto, mi año empezó con una gripa de aquellas. Los primeros días del 2018 estuve en mi cama con gripa, fiebre y dolor de cabeza. Me sentía tan mal que no podía dormir en la noche y luego me la pasaba durmiendo toda la mañana. Horrible. No es necesario aclarar que no pude seguir mi agenda al pie de la letra. (Ni al pie ni a ninguna otra parte de la letra. Mi agenda estuvo abandonada toda la semana).

Alguna vez leí que la forma en cómo pases los primeros días de enero es un reflejo de cómo vas a pasar el resto del año. Mis tendencias perfeccionistas aman esa teoría; me encanta la idea de iniciar un año nuevo con la página fresca, tanto del calendario como de mi vida. ¡Qué padre esta idea de publicar una foto en instagram el primero de enero!: “1/365. Empezando el año con el pie derecho”. Les juro que ya hasta me había imaginado dónde me iba a tomar esa foto.

Afortunadamente mis tendencias perfeccionistas han estado bastante controladas últimamente. Afortunadamente también, esa teoría sobre el inicio del año no tiene nada de cierto. La manera en la que pasas lo primeros días de enero no es un reflejo de nada más que de las circunstancias de tu vida en ese momento. ¡Y qué bueno!, porque mi realidad -que no publiqué en instagram, por cierto- más bien se hubiera leído algo así: “1/365. Mocos, kleenex y sin bañar”.

Este año leí algo que nunca había leído, pero que me parece mucho más acorde a la realidad… y curiosamente, mucho más motivador:

“No hay nada mágico en enero”. 

Enero no tiene poderes especiales para hacer que si lo empezamos “con todo”, el resto del año lo vivamos igual. Tampoco tiene reservados derechos especiales de ser el único mes en el que podemos iniciar cambios positivos para nuestra vida. ¡Claro que es un gran pretexto para empezar ciclos nuevos! ¡Claro que hay que aprovechar la oportunidad que nos ofrece este nuevo comienzo! Pero no hay que ponernos la presión innecesaria de hacer todas las cosas en un periodo de siete días. En una semana no podemos mover montañas, ni siquiera en la primera del año. “No hay nada mágico en enero”.

Así es que si hay alguien ahí cuyo 2018, como el mío, empezó diferente de como se habían imaginado, sepan que hoy, sea que me estén leyendo el 8 de enero, el 26 de mayo o el 13 de octubre, es un buen día para empezar.

Voy a decirlo otra vez: hoy es un buen día para empezar.

¡Les deseo el mejor de los comienzos!

 

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Fotografía usada de Brooke Lark en Unsplash

 

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