Dos cosas que mis papás hicieron para ayudarme a tener una vida con propósito.

Publicado el 19 de marzo del 2018 en: Desarrollo personal, Metas & Sueños, Reflexiones de vida

Últimamente, cuando me invitan a dar conferencias en escuelas, los profesores me dicen que sus alumnos están muy perdidos, que no encuentran su sentido de vida. En la última escuela a la que fui, un alumno de segundo de secundaria se acercó para preguntarme qué le recomendaría para encontrar su sentido de vida.

Me dejó pensando en mi propia vida y por qué yo crecí tan segura de mi propósito. (Que ojo, ese propósito cambia casi todos los días). Aunque hay muchas más, les comparto dos cosas que hicieron mis papás para ayudarme en ese sentido.

—————-

1. Siempre han tenido intereses y aficiones.

Una vez escuché una frase que me gustó mucho y con la que me identifico bastante: “una persona interesante es una persona con intereses”. La menciono no porque sea necesario “ser personas interesantes”, de todos modos esa es una definición muy subjetiva, sino porque me parece importantísimo para la vida que tengamos intereses. Cualquier tipo de intereses. (OK, cualquier tipo siempre y cuando no dañen ni nuestra salud ni la de otros. Ni atenten contra la vida de nadie. Ya saben, yo aquí siempre promoviendo eso de “elegir la vida”).

He conocido a muchas personas a lo largo de los años que viven sin un sentido claro, sin un propósito, sin muchas ganas de nada tampoco. Personas que se frustran porque no encuentran nada que les guste, o para usar la tan trillada fracesilla, nada “que les apasione”. Si de algo me he dado cuenta es que esas personas no crecieron con muchos intereses tampoco. Todo en esta vida se aprende, incluyendo el sentido de la curiosidad, el querer aprender, el interesarnos por las cosas. (Y antes de continuar no me refiero a aprender en el sentido académico, sino en el sentido de obtener nuevas habilidades o conocimientos de cualquier tipo: aprender un oficio, un deporte, una disciplina, un instrumento musical, etc.). Las aficiones no aparecen mágicamente en nuestras vidas, nosotros las tenemos que desarrollar. Eso lo aprendí con el ejemplo de mis papás.

Ambos son personas con muchos gustos, aficiones e intereses. Desde niña siempre los vi “haciendo mil cosas”, desde bordar o leer, hasta viajar o estudiar posgrados. (Mi familia sí tiende más hacia lo académico). Pero además de tener muchas actividades, todas las hacen con pasión y con entrega, sea algo trascendental o algo de todos los días. Mi mamá puede participar en un proyecto social como Bordando por la Paz, con la misma pasión con la que recorre los pasillos de Parisina. Mi papá puede participar en un congreso internacional de educación, con la misma pasión con la que ve un capítulo de Cuéntame cómo pasó con mi hermana Daniela.

Crecí viendo a mis papás tener muchas actividades y hacer todas con pasión, así es que aprendí a ser de la misma manera. Muchas personas me han dicho que soy “demasiado intensa”, pero esa intensidad es de las cosas que más me gustan de mí, porque es la que me ha traído a donde estoy, a tener una vida interesante, emocionante, llena de sentido y propósito. Porque lo mismo puedo apasionarme viendo un capítulo de Once Upon a Time, que recorriendo los pasillos de Hiperlumen (o también Parisina 😉 ), que estudiando un diplomado de desarrollo humano o escribiendo este blog. Esa intensidad fue la que me hizo abrir el blog en primer lugar.

2. Me inculcaron a tener mis propios intereses y aficiones.

Esto se deriva naturalmente del punto anterior, porque del mismo modo en el que mis papás me enseñaron a tener intereses a través de su ejemplo, también lo hicieron activamente a través de acercarme a diferentes actividades. De niña, mi mamá me llevó a las siguientes clases (no todas al mismo tiempo, pero muchas sí): natación, pintura, piano, francés, baile coreográfico, teatro, taller de poesía, tenis, cursos de verano y probablemente muchas cosas más que no voy a mencionar para no seguirles cayendo gorda.

Ahora, no digo que deban llevar a sus hijos a todas esas clases, claramente lo “demasiado intensa” lo saqué de mi mamá, lo que digo es que motiven a sus hijos a explorar diferentes actividades y comprometerse un rato con ellas. Cuando era más grande tuve la oportunidad de decidir a qué clases me gustaría ir; por ejemplo, en la secundaria decidí que quería aprender francés y en la universidad entré a un curso de poesía. Pero ese deseo de aprender algo nuevo no me nació espontáneamente, se me inculcó desde niña al haber ido a muchas clases que no nacieron de mi iniciativa. (Algunas me encantaron, otras no tanto). Eventualmente dejé el piano porque no me gustaba tanto, pero no hubiera encontrado mi pasión por el arte y el diseño si no me hubieran llevado a clases de pintura. Es importante probar diferentes actividades, y también hacerlas con la entrega necesaria para aprender a identificar cuando esas actividades “nos llenan” y cuando no, pero eso sólo podemos saberlo dedicando tiempo y entrega.

——————

Mucha gente pasa la vida “buscando su pasión”, pero la realidad es que nunca van a encontrarla si se la esperan topar en su camino. La única manera de encontrarla es actuando todo los días, persiguiendo todas las cosas que remotamente les generen curiosis¡dad y entregándose a cada una de ellas. Como escuché apenas a Marie Forleo decir: la pasión no la puedes encontrar porque no es algo que esté afuera; la pasión está dentro de ti, por eso para vivirla tú eres el que debe ponerla. Si ponemos pasión en las cosas que hagamos, las cosas que hagamos nos van a apasionar, y sólo podemos poner esa pasión si nos enseñan a hacerlo.

En la secundaria tenía una amiga que quería aprender muchas cosas, como tocar el piano y la guitarra, pero su mamá no la dejaba porque eso significaba llevarla a clases en las tardes. Más recientemente conocí a un amigo que me dijo lo mismo, que cuando estaba en la escuela su mamá no lo quizo llevar a los deportes que le interesaban y que no ofrecían en la escuela.

Ahora que doy conferencias en escuelas, muchos profesores me han dicho que entre los jóvenes hay mucha apatía. Quizás eso sea verdad, pero valdría la pena preguntarse dónde la aprendieron. Como joven, no hay nada más desmotivante que un papá o una mamá que no se emocione contigo. Como alumno, no hay nada más desmotivante que un maestro o maestra que no se interesa en su clase. Si los maestros no se interesan, ¿por qué los alumnos deberían hacerlo?

Por eso hoy quiero dirigir esta reflexión a todos los que tengan hijos o estén al frente de un salón de clases. Impriman pasión en todo lo que hagan, tengan intereses y demuéstrenlos, y sobre todo, inculquen a sus hijos o a sus alumnos a tener intereses e imprimir pasión en ellos, aunque eso implique un esfuerzo adicional para ustedes. Aunque deban manejar un poco más en las tardes, o poner notitas cuando califiquen las tareas de sus alumnos. (Era horrible poner mucho esfuerzo en una tarea para que el profesor te la devolviera sin una sola observación).

Y no me malinterpreten tampoco, las clases en las tardes no son necesarias, no siempre se está en una circunstancia económica que las permita. ¡Pero hay muchas maneras de encontrar pasiones e intereses! Pueden aficionarse a la jardinería y plantar flores en su jardín o en macetas, a la literatura e ir a una biblioteca pública, al deporte e ir a jugar a un parque y muchas muchas muchas maneras más.

Y a quienes no sean profesores ni tengan hijos, pero les esté costando trabajo encontrar su propósito, vayan buscándole en todas las actividades que les generen la mínima curiosidad. “Incúlquense” solitos el tener intereses. Porque nunca sabemos dónde vamos a encontrar nuestro propósito, pero si exploramos muchas cosas y las exploramos con entrega, lo más probable es que podamos encontrar propósito casi en todas ellas. Se los dice alguien que podría verse a futuro dando clases, o diseñando agendas, o siendo empresaria, o liderando una asociación civil, o haciendo arte, o vendiendo galletas, o escribiendo libros, o a ver qué otra cosa se me ocurre mañana.

¡Les deseo una bonita e “interesante” semana! 😉

 

P.D. Quiero aclarar que ni mis papás ni yo hacemos jardinería, pero me gusta usarla de ejemplo (y se me antojaría aficionarme a ella). La foto que usé simplemente me pareció muy bonita y llena de significado. Por cierto, es de Gabriel Jimenez a quien pueden encontrar en Unsplash

2 comentarios sobre “Dos cosas que mis papás hicieron para ayudarme a tener una vida con propósito.”

Deja un comentario

No se publicará tu e-mail. Campos requeridos marcados con un *.