Cinco cosas que aprendí de dar el primer taller RENACE

Publicado el 29 de enero del 2018 en: Metas & Sueños, Reflexiones de vida

¿Alguna vez han pospuesto algo que tienen muchas ganas de hacer, por miedo a intentarlo? A mí me pasa todo el tiempo. Este sábado  27 de enero tuve la oportunidad de dar mi primer taller, RENACE, después de mucho tiempo posponiéndolo.

No sé si todos los que me leen lo sepan, pero mis dos papás son maestros. Crecí no solo escuchando de educación, sino viendo a mis papás dar clases.

Recuerdo una vez que acompañé a mi papá a Orizaba a una clase que iba a dar. (Estoy casi segura que era Orizaba). Como íbamos a viajar y la clase era larga, me llevé una bolsita con cosas para entretenerme. Verán, cuando era niña fui muy fan de Barney. (Sí, el dinosaurio morado. No, no me da pena admitirlo). Barney tenía una bolsa mágica de la que sacaba plumones y cosas para jugar y hacer manualidades. Me encantaba la bolsa de Barney. O sea de verdad me encantaba. Entonces, cada que tenía la oportunidad de hacerme una bolsa mágica, la aprovechaba.

En esa ocasión guardé lo de siempre: papeles, libretas, plumones, colores, etc. Pero además, días antes hice “comida” con piezas de papel, según yo para jugar “a la comidita”. Rectángulos de papel rosas como si fueran Suavicremas, cuadrados cafés como si fueran pan de caja, cuadrados amarillos como si fueran queso. Si mi memoria no me falla, recorté los papeles necesarios para preparar un sandwich.

Al final debo haber pasado dos minutos jugando con las cosas que llevé, porque la clase de mi papá estuvo muy entretenida y acabé participando en ella. Hubo muchas dinámicas que le ayudé a organizar. En una de ellas, puso a todos en círculo y les pidió que se tomaran de la mano. Despues, sin soltarse, se tenían que mover de lugar hasta que quedaran “enredados”. Se tenían que desenredar sin soltarse de las manos.

No me pregunten por qué, pero el siguiente lunes en la escuela me pareció que sería divertido hacer ese juego en el recreo. Junté a muchos niños en el patio y los puse a hacer esa dinámica. Eso fue en primero de primaria, cuando todavía no tenía tanta “basura mental” de adulto y no me daba pena hacer ese tipo de cosas. Ahorita me acuerdo y me da pena retroactivamente.

En fin.

Sabiendo que mis papás eran maestros, la gente siempre me preguntó si me gustaría dar clases. También se lo preguntan a mis hermanas todo el tiempo. Mi respuesta siempre fue que no. (La de mis hermanas también). Pero un día, la cosa cambió. Así como un día me desperté y me di cuenta de que me había convertido en mi mamá, un día me desperté y se me antojó mucho dar clases. Pero algún día en el futuro.

Y decía “algun día” porque todavía no estaba lista: no tengo experiencia, no sé lo suficiente, no sé cómo planear una clase, no tengo suficientes seguidores en facebook, primero tengo que leer uno de los libros de mi papá, etc. Todas eran excusas, por supuesto. La realidad es que me daba miedo.

“¿Qué tal que no soy buena dando clases? ¿Y si lo que tengo que decir a nadie le interesa? ¿Y si hago el ridículo? ¿Qué van a decir de mí?”

Afortunadamente, aunque lo pospuse un buen rato, al final decidí intentarlo. ¿Y saben qué? me da mucho gusto haberlo hecho. Les comparto cinco cosas que aprendí de la experiencia:

No es necesario esperar las oportunidades.

Cuando se me antojó empezar a dar clases inmediatamente pensé que debía ser en una universidad. Según yo, me iba a esperar hasta me ofrecieran dar clases en alguna. *Cough* En la Ibero *Cough*.

Pero a veces no es necesario esperar, a veces tu puedes adelantarte a la oportunidad que estás esperando. Si tenía el material listo desde hace tiempo y estaba segura de que era valioso, ¿por qué no organizar mi propio taller? Las condiciones no siempre son favorables para “crearnos nuestra propia oportunidad”, pero cuando lo son, hay que aprovecharlo.

El primer paso es el más difícil.

Ahora que ya di un taller, me siento lista para dar el segundo. Claro, hay cosas que ajustar y mejorar, pero ya no siento la misma resistencia que antes. Casi siempre nuestra mente pinta el camino más aterrador de lo que es en realidad, por eso el primer paso es el más difícil. Una vez que lo damos y nos damos cuenta de que no era para tanto, los siguientes pasos los damos mucho más fácil. Pero como les dije en el taller: con calma, no hay prisa, nos podemos tomar nuestro tiempo. Nadie nos está correteando.

El miedo nunca se quita… pero se aplaca.

El sábado después de dar el taller me fui a dormir bien temprano. A media madrugada me desperté y me dio una especie de miedo retroactivo: “¿Cómo se me ocurrió dar un taller??, ¿Quién me creí que era??”. Después de anunciar el taller en redes sociales, estuve tan concentrada preparando el material, haciéndole promoción y consiguiendo participantes, que no me dio tiempo de pensar en todos los miedos que me habían estado deteniendo. Todavía no tengo experiencia, todavía no sé lo suficiente, no sé cómo planear una clase…

A pesar de que ya di mi primer taller, a pesar de que me siento preparada para el siguiente, los miedos siguen ahí. Nunca podremos sacudir el miedo completamente, pero actuando podemos aplacarlo.

Somos más únicos de lo que pensamos.

Algo que me encantó ver en las dinámicas del taller, fue la interpretación tan diferente que cada persona le da a la misma cosa. Fortalezas de una persona que en otra se convierten en debilidades, y viceversa. No cabe duda de que las experiencias que vivimos nos van moldeando en una pieza única. Eso hay que celebrarlo.

No somos tan diferentes como pensamos.

Así como somos únicos, al mismo tiempo no lo somos tanto. Lo notamos una y otra vez, problemas que pensamos son exclusivos a nosotros, son comunes a todos. Kristin Neff, autora de Self-Compassion, dice que una pieza clave para nuestra auto-aceptación es darnos cuenta de nuestra experiencia humana compartida. Siempre me ha encantado ese concepto y el sábado lo vivimos completamente.

¡Muchas gracias a todas las personas que se inscribieron! No saben lo que significa para mí que se hayan animado a ser mis “conejillos de indias”. Espero que haya sido igual de enriquecedor para todos. Estoy emocionada de dar una siguiente edición del taller y ver todas las sorpresas que el camino me tiene preparadas.

P.D. Si a alguien le interesa tomar el siguiente taller, ¡díganme en los comentarios para que les envíe la información!

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2 comentarios sobre “Cinco cosas que aprendí de dar el primer taller RENACE”

  1. Amairani Morales Garcia .. dice:

    Hola Mariana, soy Elia claro que me encanto el taller y aprendí
    de ti muchas cosas.
    Sabes que me hizo mucho bien el taller como no te imaginas.
    Te agradezco haber compartido tantas cosas importantes para
    ti y enseñarnos muchas cosas mas.
    Saludos.
    La señorita Amairani Morales Garcia, esta interesada en tomar tu taller te mando sus datos para que le mandes la información.

  2. ¡Muchas gracias Elia! Te mando un abrazo. Espero que tengas una buena semana, y quedo pendiente de Aimarani ¡Saludos! 🙂

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